El Veganismo no es “La Ética de los Alimentos”: El Veganismo tiene que ver con la Justicia Social

Translation by Mariángel Villalobos. You can follow her on Twitter @mvillabe. The original English version of this essay can be found here.

Mother cow and calf nuzzling

Por Syl

Me quedé más que decepcionada después de leer el reciente post de Olivia (de Skepchick) y la discusión que le siguió en la sección de veganismo. Primero que todo, no hubo en absoluto una conversación sobre las conexiones entre el ateísmo y el veganismo. Siempre me parece una pérdida completa de tiempo tratar de explicar la falta de interés en el veganismo en espacios ateos. Los ateos parecen ser suficientemente críticos siempre y cuando ellos permanezcan en la pequeñez de la conversación relacionada con la creencia de que el veganismo es una acción basada en la acción ética del individuo, en lugar de una posición propia de justicia social y un movimiento fundado en ciertas creencias éticas. Algunas de las características clave de esta construcción miope del veganismo son:

(a) Fundamentalmente, el veganismo es un asunto ético fundado en el individuo.

(b) El veganismo es un ideal inalcanzable. Es una guía en lugar de una meta realizable.

(c) El veganismo es una práctica relacionada con la alimentación, una ética de alimentación, y/o una dieta.

(d) El veganismo consiste en intentar hacer “lo mejor que se pueda”.

(e) Naturalmente, el veganismo conlleva momentos de “culpa” porque uno no puede ser un “vegano perfecto”.

(f) El veganismo es una práctica aislada conceptualmente de otras prácticas de justicia social.

En su post, Olivia se refiere consistentemente al veganismo como “ética de la alimentación” o una “dieta” (c) y resto de (a) a través (f) se puede ver en solo un pasaje:

Podemos ver que no todas las conclusiones éticas abstractas demandan una perfecta conformidad, porque nuestro propio bienestar debería ser parte de nuestros cálculos éticos. Cada uno de nosotros tiene una cantidad limitada de tiempo, dinero, y energía, y tenemos que decidir en cuáles áreas vamos a concentrar esos recursos. Hay una sorprendente cantidad de cosas que podemos hacer para mejorarnos a nosotros mismos y a nuestras comunidades, y simplemente no podemos cumplir con todas. Si cambiar nuestra dieta agota nuestros recursos profundamente, nos puede lastimar, o dejarnos ansiosos, enojados, infelices, e incapaces de actuar éticamente hacia las personas que están a nuestro alrededor (como un ejemplo, yo sé que soy una perra irritable cuando no consumo suficiente proteína). Si una preferencia ética en particular nos deja sin más energía o recursos, puede que no sea la manera más efectiva para mejorar el mundo.

Déjenme referirme de (a) hasta (f).

(a) El veganismo, fundamentalmente, es una posición de justicia social basada en el colectivo político. Esto significa que la explotación en masa y la tortura de los animales solo puede ser erradicada con la reestructuración política y social. Demandamos reestructuración política y social para también dirigirnos a las situaciones de otros grupos oprimidos… porque ser anti-racistas, anti-sexistas, anti-homofóbicos, etc., es tomar una posición de justicia social. Estas no son posturas éticas del individuo (aunque ellas son fundadas en preocupaciones éticas e implicaciones éticas le siguen). No hay charla sobre “y tú!” (“do you!”) cuando se trata de posturas de justicia social, porque adoptar una postura de justicia social es hacer cierto reclamo sobre tus propios derechos. Los derechos son un concepto universal, no un concepto de “y tú!”.

El veganismo no es solo una postura de justicia social sino que también se basa en una postura crítica. Es una postura fundada por la crítica de nuestra heredada narrativa de consumo con respecto a los animales. Tomamos la cuestión con la suposición de que los animales deben pertenecer a nuestra narrativa de consumo y nosotros mantenemos que es en parte por esta fallada suposición de que los animales deben permanecer sin derechos. Si los animales simplemente son seres para que nosotros consumamos y usemos, ya sea como alimento, vestimenta, entretenimiento, sujetos de investigación, etc., entonces es contradictorio también mantener que ellos son seres que merecen ser protegidos de los abusos. Mientras asumamos que los animales pertenecen a la narrativa de consumo, a ellos nunca se les concederán derechos. (Les remito a mi post anterior).

(b) Alcanzar metas veganas es sin duda un proyecto que se puede realizar. El único obstáculo en el camino para ver esto es la tendencia a reconstruir el veganismo como un proyecto basado en la ética del individuo! Obviamente, los esfuerzos éticos hechos por individuos aislados no podrían desmantelar el mito sobre el papel de los animales en la narrativa de consumo actual. La narrativa de consumo es una historia sistémica completa con fuerzas económicas, culturales y políticas; entonces, si vamos a encontrar una buena estrategia para embestir el problema, va a tener que ser a un nivel sistémico. La abolición de la esclavitud no fue simplemente la suma de proyectos basados en la ética del individuo. Más bien, fue el resultado de llamadas hacia la reestructuración social y política. Ciertamente, la abolición pudo haber sido un ideal inalcanzable si los abolicionistas no hubieran conseguido ver que la raíz de esta tradición opresiva estaba basada en una narrativa sistémicamente sostenida. En otras palabras, nuestras grandes injusticias sociales no existen simplemente porque hay personas “malas” que no están dispuestas a luchar por ideales abstractos e irrealizables. Las grandes injusticias sociales existen porque hay estructuras construidas y mantenidas que funcionan para perpetuar esas mismas injusticias. Estas estructuras son lo mismo que alimenta la ilusión de que deshacernos a nosotros mismos de ciertas injusticias sociales son ideales “abstractos” desprovistos de realidad o simples fantasmas del optimismo que la naturaleza humana nunca puede acomodar.

(c) El veganismo no es una simple práctica alimenticia, o ética alimenticia, o una dieta. Esto no es para decir que las prácticas alimenticias no son asuntos de justicia social. Ciertamente lo son y merecen más atención. Sin embargo, el veganismo es una posición de justicia social con la meta de asegurar los derechos de los animales y, como tal, no se agota por lo que comemos o vestimos. Me disgusta hasta escuchar los términos “veganismo”, “prácticas alimenticias” y “éticas alimenticias” en la misma oración. Si, como hemos argumentado, los veganos propiamente llegan a la posición de justicia social criticando la suposición de que los animales deben pertenecer en la narrativa de consumo, entonces le sigue que los veganos no miren conceptualmente a los animales como comida. Llamar al veganismo “ética alimenticia”, o una “dieta”, o una “práctica alimenticia” es un perezoso nombre errado.

(d&e) El sentimiento de culpa solamente tiene sentido cuando se ve el veganismo de forma miope como un proyecto ético del individuo. Voy a tener que apoyar este argumento con un ejemplo. Una de mis películas favoritas por desgracia tiene una corta escena con una innecesaria estupidez misógina. Cuando la temida escena se acerca, yo -como una firme feminista- no me siento culpable. Más bien, me siento frustrada y –como mucho (y a lo peor)- impotente como un individuo. Como vegana, soy consciente de que en la actualidad no puedo vivir una vida libre de explotación animal. Como he mencionado anteriormente, nuestra sociedad ha sistematizado e institucionalizado la dependencia humana de animales y de la explotación y tortura animal. Cuando aprendo que las paredes en mi casa (muy probablemente) contienen productos de animales explotados, parece inapropiado sentir culpa. Yo no soy culpable en este caso. Más bien, me siento frustrada por lo penetrante que el problema es y como mucho (y a lo peor)- impotente. El sentimiento de impotencia disminuye después de un rato y la frustración que queda me recuerda cuál es el lugar correcto para mi activismo: en el nivel sistémico. Sentimientos momentáneos de impotencia, que son naturalmente fundados en la impotencia individual, y la frustración, son emociones productivas porque indican que el problema trasciende al individuo. La culpa no es productiva porque indica que el problema deriva del individuo.

Shakespeare character holding a bunch of carrots asks, "To vegan or not to vegan?"

Algunos podrían objetar que yo he prestado poca o nada de atención al sentirme culpable cuando se trata de algún “desliz” o de ser “flexible” en cierta compañía, o de aquellos en ciertas situaciones quienes -independientemente de posiciones de justicia social- debemos depender de los animales para alimento y vestido. Con respecto a lo primero: como ya he manifestado, creo que el veganismo es debidamente entendido como una crítica a la narrativa de consumo y del lugar de los animales en ella, lo que significa que un vegano o vegana realmente cree que los animales son sujetos que merecen derechos. Creo que adoptando una posición crítica hace que los “deslices” o la “flexibilidad” sean imposibles. (Polémicamente), creo que los fenómenos de los “deslices” y la “flexibilidad” tienen mucho que ver con adoptar la posición ética del individuo, la cual se basa en nociones vagas de estatus morales y “crueldad” y no hace mucho para alterar conceptualmente o críticamente a la persona.

(De nuevo, polémicamente) no considero que situaciones que involucren dificultades extremas sean de preocupación inmediata para los veganos. Como veganos, debemos estar preocupados por la narrativa de consumo; estamos preocupados por la historia que nosotros como sociedad contamos sobre los animales y el lugar que ellos ocupan en nuestras rutinas de consumo. Cuando las personas usan animales para la supervivencia básica, ellos no están interesados en crear una narrativa de consumo en la cuál los animales son los perjudicados por algún privilegio percibido. Ellos no tienen el poder para institucionalizar estas nociones. Ellos simplemente están tratando de sobrevivir. El profesor Will Kymlicka se refiere a esta situación como una que reside fuera de las “circunstancias de justicias.” Este es un caso diferente a lo que debería preocupar a los veganos. (Similarmente, cuando rocías un insecto en tu cocina con un spray para cucarachas, consecuentemente matándolo, esta es una situación diferente de las que a los veganos les debería preocupar. Tales incidencias aisladas no tienen nada que ver con mantener la presente narrativa de consumo, de la misma manera que rociar la cara de un intruso con el mismo spray para cucarachas no tiene nada que ver con actuales violaciones a los derechos humanos.)

(e) El veganismo no es un asunto de justicia social aislado de otros asuntos de justicia social. Olivia declaraba anteriormente, “Cada uno de nosotros tiene una cantidad limitada de tiempo, dinero, y energía, y tenemos que decidir en qué temas enfocar nuestros recursos.” Tal punto de vista es rampante entre veganos y no-veganos. Conforme a esta mentalidad de “asunto-único” (“single-issue”), los activismos son estructurados para referirse a un asunto y se refieren a este asunto como siendo fundamentalmente independiente de y diferente de otros asuntos. Como resultado, tenemos que priorizar asuntos. El enfoque de asunto-único oscurece la realidad de cómo el racismo, sexismo, clasismo, discriminación en base a la diversidad funcional, homofobia, especismo, ecocidio, etc. no están solo conectados pero son dependientes el uno con el otro para formar lo que yo llamo un “holismo pernicioso”. Si uno ve esta realidad, el enfoque de el asunto-único parece complemente incoherente. Si todos estos asuntos contra los que luchamos están enredados en una profunda, interconectada red, entonces no tiene nada de sentido estructurar nuestro activismo como si ellos no estuvieran conectados o como si no fuesen interdependientes. Aislar un asunto de esta red es equivocarse sobre la raíz y profundidad del problema, por lo que cualquier activismo que siga de este aislamiento es fútil. La mayoría de las veces, los enfoques de asunto-único son desposados simplemente por la falta de diversidad. Puede ser difícil descubrir cómo ciertos asuntos en particular están conectados si no se tiene en cuenta con las experiencias relevantes.

Por ejemplo, históricamente, los movimientos feministas en su lucha se han centrado solamente en el aspecto de género, simplemente porque sus miembros y las mujeres a las que convirtieron en su objetivo y por las que hablaron fueron todas mujeres blancas de una clase en particular. Hasta hace poco, nunca se les había ocurrido a las organizaciones feministas convencionales que la raza y la clase sean fuerzas sociales que dan forma al género.  Aunque a las organizaciones veganas les guste comparar entre las similitudes de la explotación humana y animal, raramente lo llevan al siguiente paso lógico, concluyendo que estas similitudes tienen algo que ver con la misma estructura que apuntala estas explotaciones. La anatomía de esta estructura en la cual todas las explotaciones giran es el holismo pernicioso que existe entre todos los -ismos regresivos. Entonces, adoptar un compromiso en el camino correcto hacia el veganismo, no significa quitar tiempo, dinero y energía de otros compromisos valiosos.  Tener un compromiso con el veganismo es solo comprometerse en atacar la subyacente estructura del especismo, que está estructuralmente incrustada en todos los otros –ismos regresivos.

Como he mencionado en otro lugar, esto no es decir que el activismo vegano sea feminismo, sea activismo anti-racista, etc. Sin embargo, luchar contra la fuerza que le da forma a la explotación animal también requiere luchar contra las fuerzas sociales que le dan forma y se cruzan con tal fuerza. El género, la raza, la clase, las capacidades, la orientación sexual, etc. Este es el enfoque del asunto-múltiple o como a veces se le denomina “activismo interseccional”. Para una buena demostración de este enfoque, considera este punto que la Dra. Breeze Harper hace cuando ella argumenta que hay algo incoherente en llamar a los productos veganos “libres de crueldad” si han sido hechos por niños esclavos!

Conclusión. La moraleja de todo esto es que el ver el veganismo desde la perspectiva del individuo como una práctica que se agota a sí misma en tu ética personal es diametralmente opuesto al objetivo del veganismo, que es erradicar el mito de que los animales pertenecen a la narrativa del consumo. Puesto que las protecciones legales son las únicas cosas que podrían prevenir significativamente la explotación de seres vulnerables y puesto que el lenguaje de los derechos es el único lenguaje que puede asegurar la vulnerabilidad formal de los seres, nuestra tarea como veganos es asegurar los derechos de los animales si vamos a alcanzar nuestra meta. Las implicaciones éticas que siguen a este punto de vista son solo eso: ellas siguen la posición crítica que aumenta nuestra postura de justicia social y consecuentemente define nuestras prácticas. Necesitamos insistir que estamos involucrados primero y más que nada en el negocio de justicia social. El discurso de la moralidad meramente nos dice algo sobre nosotros– sobre nuestro carácter, sobre si nosotros somos buenos o malos. El discurso sobre los derechos nos dice algo sobre los animales– acerca de que merecen lo que aún no tienen.

 


Syl is a local activist and PhD student in philosophy in Chapel Hill, NC. She is currently working on her dissertation, which posits the “human” in the human/animal binary as a location of naturalized whiteness and in which she argues for an interpretation of the human/animal binary as racist. Syl also has secondary interests in black feminism, the history of philosophy and philosophy of animal death.

Privilège masculin, Déraillements de la Discussion et la Politique de la Politesse

Translation by Christophe Hendrickx. See more French translations of critical vegan essays by grassroots activists by visiting his blog, La Pilule Rouge. The original English version of this essay can be found by clicking here.

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J’ai eu une conversation hier avec un collègue qui soutient la violence et les réformes de bien-être dans la lutte pour les droits des Animaux Non-humains. En tant qu’abolitionniste, je rejette ces tactiques, étant non seulement bancales idéologiquement mais contreproductives. Les débats violence/non-violence et abolition/bien-être ont une longue histoire derrière eux dans le mouvement, et les débats sur leur efficacité n’en finissent pas. De par ma spécialisation dans la théorie du mouvement social développée durant ma vie universitaire, j’ai un avis plutôt forgé sur ce genre de sujets. Mon collègue, cependant, n’est pas universitaire et n’est pas versé dans la science des mouvements sociaux, basant sa position sur le discours dominant (dirigé par les hommes) du mouvement. Au fil de la discussion et vu que je maintenais fermement ma position sur le sujet, mon collègue a fait remarquer qu’il ne pensait plus pouvoir me parler sans être au final accusé de sexisme. C’était peut-être parce que j’utilisais le langage du privilège pour discuter de la domination des organisations welfaristes dans le mouvement, ou peut-être parce que j’ai fait remarquer que les tactiques violentes sont patriarcales et tendent à attirer les hommes. Peu importe la raison, on me pointait du doigt pour avoir communiqué ma position dans le cadre de l’inégalité. Je ne l’ai certainement jamais accusé de sexisme. Cependant, il m’est vite venu à l’esprit que mon collègue n’avait pas formulé cette affirmation suite à une véritable exaspération, mais plutôt comme outil de manipulation visant à faire dérailler la discussion et rétablir la suprématie masculine.

Les hommes tendent à être socialisés à s’attendre à dominer le débat. Ils sont socialisés à croire qu’ils ont raison, que leur opinion importe, et que cette opinion est la plus importante. Ce n’est pas basé sur l’expérience ou sur la connaissance, mais plutôt sur leur statut social privilégié en tant qu’homme. Les femmes, à l’inverse, sont socialisées selon la politique de la politesse. On nous apprend à donner plus d’espace de parole aux hommes, à estimer leurs opinions peu importe leur ridicule ou leur offense, pour apaiser leurs égos, etc.. Des décennies de recherches sociologiques sur la discussion, le langage, et l’espace social concernant les interactions mixtes ont confirmé que les hommes parlent plus, ils occupent plus d’espace, ils dictent la discussion, et leurs opinions sont vues comme plus crédibles et légitimes. Les femmes, au contraire, parlent moins, soutiennent plus, et occupent moins d’espace. Leurs opinions sont également extrêmement dévaluées.

Lorsque les homes se plaignent de ne pas pouvoir dire quoi que ce soit sans être accusés de sexisme, voici ce qu’ils disent réellement :

1. Je suis habitué à avoir le contrôle de la conversation, votre conscience de la politique sexuelle rend cela difficile pour moi d’adopter ce privilège invisible en douceur.

2. Je suis habitué à pouvoir parler de n’importe quel sujet sans qu’on remette en question mon autorité, la possibilité qu’on m’accuse de sexisme interfère avec mon autorité.

3. J’utilise la politique de la politesse pour vous confondre à donner priorité à mes sentiments et intérêts.

4. La théorie féministe est une charade. Le sexisme n’est pas réel, vous utilisez juste cette rhétorique pour gagner le débat.

Cette tactique est une variante de la “tone-policing” (ndt : littéralement “police du ton” : se concentrer sur la manière dont on dit quelque chose, peu importe qu’elle soit vraie ou non). Plutôt que se concentrer sur l’argument développé, un déraillement est créé en invoquant l’égo masculin meurtri, le caractère de la femme, et l’authenticité du féminisme. Les femmes sont détournées d’un sujet sur lequel elles peuvent exprimer leur propre autorité lorsque les hommes exploitent la féminité et font pression sur les femmes pour qu’elles montrent du respect à la structure sociale patriarcale. La validité de mon argument se trouve mise sur le côté, je dois d’abord m’occuper de ses sentiments. Ne pas s’occuper d’abord des sentiments des hommes est un pêché capital dans le patriarcat. Être une femme avec une opinion éclairée semble également être une grande offense.

Enfin, il est extrêmement important de reconnaître que lorsque nous individualisons l’oppression, nous obscurcissons sa nature systémique. Si nous ne pouvons pas débattre d’oppression systémique parce que les gens de privilège donnent priorité à leur inconfort pour ce qui semble être une attaque personnelle, nous ne pourrons pas avoir les discussions importantes nécessaires pour créer une société égalitaire. En faire une question personnelle (“Hey, je ne suis pas sexiste !”; “Hey, tu dis que je suis un raciste ?!”) fait sérieusement dérailler la conversation. Au lieu de remettre en question l’oppression culturelle, les militantes se voient amenées à s’occuper des sentiments de personnes de privilège qui sont habituées à être à l’abri de l’inconfort. Cela devient extrêmement pénible pour les personnes oppressées de devoir se plier en permanence aux sentiments des personnes privilégiées. Faire cela redirige l’attention des oppressés vers les oppresseurs. Cela ferme également le dialogue, interfère avec la pensée critique, et entrave le travail de justice sociale.

 


Corey Lee WrennMs. Wrenn is the founder of Vegan Feminist Network and also operates The Academic Abolitionist Vegan. She is an instructor of Sociology and graduate student at Colorado State University, council member with the Animals & Society Section of the American Sociological Association, and an advisory board member with the International Network for Social Studies on Vegetarianism and Veganism with the University of Vienna. In 2015, she was awarded Exemplary Diversity Scholar by the University of Michigan’s National Center for Institutional Diversity. She is the author of A Rational Approach to Animal Rights: Extensions in Abolitionist Theory.

Veganismo y Políticas de Género

 

Translation by Mariángel Villalobos. You can follow her on Twitter @mvillabe. The original English version of this essay can be found by clicking here.

Por Corey Lee Wrenn

Un lector, Alexander Lawrie me envió esta historia y pensé que sería un ejemplo excelente de la supremacía masculina y la vigilancia de género como una barrera en contra del avance de los intereses de las mujeres y otros animales. Un periódico Escocés reportó que los empleados de un restaurante se burlaron de una mujer la cual solicitó que un artículo del menú se hiciera vegano. Su recibo leía: “Vegan Vegan Vegan Pussy”. El restaurante añadió sal a la herida cuando se burlaron de la mujer en su página de Facebook.

¡Pero no termina ahí! El periódico que cubría la historia encontró la página de Facebook de la mujer e imprimió su foto de perfil junto con su nombre completo y lugar de empleo. El acoso adicional que siguió fue lo suficientemente severo para que el periódico moderara los comentarios y eliminara su foto.

Todo el incidente apesta a misoginia. Si la víctima hubiese sido hombre, esperaría que la reacción hubiese sido similar, aunque probablemente con la adición de la homofobia. Bajo el patriarcado, el dominio sobre otros y del consumo de la carne es altamente masculinizado. El veganismo ha sido feminizado no solo porque es más común que los veganos sean mujeres, sino también porque el veganismo representa los intereses de quienes son subyugados a la opresión masculina. El veganismo lucha contra el patriarcado.

No deberíamos de estar sorprendidos de que una compañía que saca provecho de la explotación de los Animales No Humanos use un insulto especista y sexista para desestimar a la mujer, ni deberíamos estar sorprendidos de que los medios de comunicación (que por lo general existen para proteger y reproducir los intereses de la élite) solo hagan las cosas peores. ¿Pero por qué la mesera actuó de esta manera?

En “Female Chauvinist Pigs: Women in the Rise of Raunch Culture” (Disculpen el título especista), Ariel Levy explica que la popularidad del “post-feminismo” en realidad representa una co-optación de una ideología céntrica en la mujer anti-opresión patriarcal. Las mujeres son puestas a competir entre ellas al rivalizar por la aprobación del hombre. En un mundo donde la masculinidad es igualada con prestigio y poder, es común que las mujeres abandonen su feminidad y recurran a la masculinidad. Denis Kandiyoti (1998) le llama a esto negociación patriarcal. Para hacer frente a un mundo que es hostil hacia todo lo femenino, la mesera estaba cuidando sus intereses al apoyar los valores masculinos y al condenar la cena vegana.

Por supuesto, esto significa que los hombres mismos están bajo una enorme presión de conformarse a estos valores masculinos. Este comercial para el “Carnivore Club” (Club Carnívoro) busca reafirmar el control masculino, la inteligencia masculina, y la superioridad masculina de cara a los valores femeninos invasores.

 

Este comercial juega con muchos estereotipos del veganismo: Es para mujeres; es castrante, sin sabor, y fastidiosamente saludable. El unirse al Club Carnívoro promete a los hombres proteger su dominio, su control sobre la naturaleza y hasta su virilidad (aunque consumir productos de Animales no Humanos es vinculado a una letanía de enfermedades que amenazan a la vida, incluyendo problemas cardiovasculares y diabetes, que son unas de las causas principales de la disfunción eréctil).

Carnivore Club Advert

Formular este producto como un “club” es intencional. Los anunciantes esperan usar la masculinidad como un espacio exclusivo para miembros, que están al día. Como los CEOs de Fortune 500, los cuerpos legislativos, los ejecutivos de los medios de comunicación, y otros espacios exclusivos de chicos y su privilegio masculino, el “Carnivore Club” invita a los hombres a que se unan al rango de la élite masculina en su dominio sobre los vulnerables. Verdaderamente, uno no puede siquiera tener acceso a su sitio web sin iniciar sesión como un miembro. Nota también el cuento de la “esposa boba y despistada” tan común utilizado en comerciales, programas y filmes. Las mujeres son demasiado incompetentes para darse cuenta de lo que hacen sus compañeros masculinos de mentalidad superior.

Esto es una masculinidad tóxica. No solo los hombres son motivados a dar rienda suelta a comportamientos nutricionales que les causa enfermedad y muerte, pero las mujeres son también motivadas a que rechacen el veganismo al planear su supervivencia en un patriarcado anti-feminista. Y no nos olvidemos, los más grandes perdedores son los Animales No Humanos cuya opresión es vista como natural y sus defensores son burlados, acosados y silenciados.

 

Corey Lee WrennMs. Wrenn is the founder of Vegan Feminist Network and also operates The Academic Abolitionist Vegan. She is a Lecturer of Sociology with Monmouth University, a part-time Instructor of Sociology and Ph.D. candidate with Colorado State University, council member with the Animals & Society Section of the American Sociological Association, and an advisory board member with the International Network for Social Studies on Vegetarianism and Veganism with the University of Vienna. In 2015, she was awarded Exemplary Diversity Scholar by the University of Michigan’s National Center for Institutional Diversity. She is the author of A Rational Approach to Animal Rights: Extensions in Abolitionist Theory (2015, Palgrave Macmillan).

 

Conseils pour Alliés Masculins

Translation by Christophe Hendrickx. See more French translations of critical vegan essays by grassroots activists by visiting his blog, La Pilule Rouge. The original English version of this essay can be found by clicking here.

Il ne fait aucun doute, le mouvement pour les droits des animaux non-humains a été compromis par le sexisme et manipulé par le patriarcat. Ce n’est dorénavant plus juste PETA qui mène la danse : c’est un nombre incalculable d’autres organisations (comme Fish Love), de compagnies (comme LUSH), et de pornographes (comme Vegan Pinup). Qui plus est, cela s’est propagé aux interactions individuelles comme le montre la normalité croissante d’activistes masculins tentant de contrôler, manipuler, menacer, ou harceler les militantes féminines.

Beaucoup de féministes insistent sur le fait que les hommes ne peuvent pas être des féministes (et l’Organisation Nationale des Hommes contre le Sexisme est d’accord). Être féministe, c’est être une femme auto-identifiée se battant pour l’égalité féminine. Être une féministe demande une expérience directe de l’oppression de genre, car c’est cette expérience unique en tant que membre du groupe visé qui informera l’activisme. Les hommes qui s’offusquent de cette définition et qui demandent à être inclus ne font que mettre en évidence l’ubiquité du privilège masculin. Lorsque les hommes réaffirment ce droit, ils démontrent leur besoin d’être aux commandes et ils démontrent le patriarcat. Bien que les hommes ne pourront jamais entièrement se soustraire eux-mêmes des privilèges de leur genre, les hommes peuvent tout à fait être des alliés.

Et nous avons grandement besoin d’alliés dans le mouvement des droits des animaux non-humains. Ce qui est peut-être le plus à blâmer pour le sexisme et la misogynie rampante dans notre mouvement (au-delà de la nature oppressante du patriarcat) est la complaisance. Il est temps de déplacer la responsabilité sur les membres masculins de notre communauté.

  1. Ne Soyez Jamais Complaisants

Si vous êtes témoin d’une femme se faisant brimée, harcelée ou intimidée… exprimez-vous. Si vous restez silencieux, si vous « restez neutre », ou si vous prenez la défense de l’agresseur (ce que j’identifie comme « mentalité de la bande de mecs »), vous êtes tout aussi coupable de sexisme et d’oppression que l’agresseur.

  1. Demandez une Représentation Égale

Si vous participez à un projet qui est principalement mené par des hommes (ce qui est suspect considérant que notre mouvement est composé à 80% de femmes), demandez à savoir où sont les femmes et refusez de participer avant qu’elles soient incluses. Ce problème est également présent dans le mouvement athée/sceptique, et les féministes et leurs alliés ont très bien réussi à faire pression sur les organisateurs d’évènements pour améliorer les proportions de genre.

  1. N’utilisez Jamais la Carte du “Sexisme Inversé”

Les femmes, qui sont un groupe oppressé vivant sous un patriarcat qui privilégie les hommes, ne peuvent pas, de par la nature même de leur statut social, exercer de sexisme envers les hommes. Dire d’une femme qu’elle est sexiste (ou, pire, « misandre ») vise à rediriger l’attention du problème des hommes, un groupe privilégié qui n’est jamais remis en question, vers les femmes. C’est une tactique visant à détourner l’attention de l’oppresseur vers l’oppressée. C’est une tactique visant à réduire au silence.

  1. Ne Mansplainez (Mecspliquez) Pas.

Le fait est que, malgré la sagesse infinie et la formation approfondie que pourraient avoir certains hommes, les hommes ne connaissent malgré tout pas mieux les problèmes des femmes que les femmes elles-mêmes. Le mansplainingsemble avoir frappé notre communauté. Beaucoup d’hommes insistent pour tout expliquer aux femmes, du féminisme au viol, avec l’intention de dominer la conversation ou de remporter le débat. Les expériences personnelles des femmes sont complètement écartées et dévalorisées, quand bien-même ces femmes ont les qualifications irréfutables les appuyant. Le mansplaining n’aide pas, c’est oppressif et irrespectueux.

  1. N’Harcelez pas les Femmes

Bien que cela puisse paraître évident, le harcèlement dans notre mouvement est un véritable problème. A travers des interviews réalisées avec des militantes, Emily Gaarder, dans son ouvrage de 2011 Women and the Animal Rights Movement, a constaté que le problème était plutôt répandu. J’ai moi-même été victimisée par plusieurs hommes vegans qui m’ont harcelée au point de devoir presque appeler la police.

  1. Écoutez

La majorité des hommes ne savent pas ce qu’est être une femme, n’ayant jamais fait l’expérience d’en être une. Tout comme les personnes de couleur blanche ne peuvent jamais totalement comprendre ce qu’est être une personne de couleur, unhomme cis ne peut jamais totalement comprendre ce qu’est être une femme. On considère généralement comme condescendant et peu utile qu’une personne blanche prétende avoir toutes les réponses sur les difficultés que rencontrent les personnes de couleur. Je soutiens que la même chose s’applique aux hommes qui pensent pouvoir comprendre ce qu’est l’expérience féminine et qui se sentent également dans leur droit de privilégié de définir ou de valider le sexisme. Au lieu d’insister, « Ce n’est pas sexiste » ou « Tu exagères », essayez d’écouter. Tentez de comprendre d’où viennent les femmes, les problèmes auxquels elles doivent faire face, et les solutions qu’elles recherchent. De même, rappelez-vous de leur faire de la place. N’essayez pas de dominer la discussion et donnez de l’espace aux femmes pour qu’elles participent sans être noyées par votre voix.

  1. Ne Gaslightez pas

Le Gaslighting est un outil efficace de contrôle masculin, se manifestant généralement dans des cas de violence conjugale ou de violence psychologique. Le Gaslighting est une tactique visant à faire douter une femme sur sa réalité et ses expériences. Si une femme déclare avoir fait l’objet de sexisme, et que vous lui dites qu’elle en fait toute une affaire pour rien ou qu’elle « exagère », c’est du Gaslighting. Faire en sorte qu’une femme se sente « folle » ou qu’elle apparaisse comme tel aux yeux des autres est un moyen de l’affaiblir et de la contrôler.

  1. Surveillez Votre Langage

Il y a des centaines de termes féminins péjoratifs (et seulement quelques masculins) qui utilisent l’identité féminine comme une insulte. Ils visent à affaiblir. Par exemple, l’association « Defending Pitbulls against Peta » appelle la présidente de PETA Ingrid Newkirk une « vilaine sorcière » et Nathan Winograd insinue qu’elle est une malade mentale. Ces deux exemples ne sont que la continuité d’une longue histoire de femmes ayant été ostracisées, institutionnalisées, et même tuées pour avoir été des « sorcières » ou « folles ». La langue française est vaste et contient plus de mots que la personne lambda n’en utilisera, donc il n’y a vraiment aucune excuse pour utiliser des péjoratifs genrés à moins que l’intention est de s’appuyer sur le sexisme pour renforcer votre argument.

  1. Soyez Critiques envers la Violence

Dans son livre de 2006, Capers in the Churchyard : Animal Rights Advocacy in the Age of Terror, Lee Hall avance que les tactiques violentes sont indubitablement associées à l’expression masculine du pouvoir, de la bravade et de la domination. J’ajouterais que ces approches sont en grande partie anti-féministes. La violence privilégie l’expérience masculine et le contrôle masculin, et, en même temps, rabaisse la féminité et vise à effrayer. Dans un discours présenté lors d’une conférence de 2012 en Italie, « La Paralysie du Pacifisme : En Défense de l’Action Militante Directe et de la « Violence » pour la Libération Animale », l’orateur crie littéralement sur une salle pleine de jeunes militantes, les accusant de pacifisme et insistant pour qu’elles abandonnent la non-violence.

  1. Soyez Critiques de l’Exploitation Sexuelle

Si vous êtes témoin d’une situation dans laquelle des femmes sont encouragées à se dévêtir pour « la cause »… faites entendre votre voix. Le corps des femmes ne devrait regarder personne, mais nous ne pouvons également pas ignorer la réalité d’un mouvement qui, couramment, exploite et objectifie sexuellement les femmes. L’oppression des animaux non-humains ne peut être démantelée via l’oppression des femmes. Faites entendre votre voix, laissez un commentaire, envoyez un email, ou tenez un blog sur le sujet. Ne laissez pas s’étendre l’exploitation sexuelle sans broncher.

 

Prière de reconnaître que ces requêtes ne sont pas une attaque envers les hommes. Ce n’est rien d’autre qu’une tentative honnête de créer un espace sûr pour les femmes dans un mouvement qui devient de plus en plus dangereux et humiliant. Nous devons faire face à l’inégalité là où elle survient. Nous sommes de plus en plus conscients de la manière dont nous traitons les autres groupes à risque, et pourtant nous ignorons si souvent le sort des femmes. Pire encore, ces femmes qui trouvent le courage de prendre la parole sont accusées d’en faire tout un foin. C’est représentatif de l’enracinement du sexisme et de la misogynie. Lorsqu’un mouvement composé à 80% de femmes ne peut se libérer des chaînes de l’oppression féminine, nous devrions être sérieusement préoccupé·es. Mais la charge du travail ne devrait pas reposer entièrement sur les femmes, les hommes doivent également prendre leur responsabilité et s’efforcer d’être des alliés féministes vegans pour le bénéfice de tous et de toutes, hommes, femmes, humains, ou non-humains.

 

Corey Lee WrennMs. Wrenn is the founder of Vegan Feminist Network and also operates The Academic Abolitionist Vegan. She is an instructor of Sociology and graduate student at Colorado State University, council member with the Animals & Society Section of the American Sociological Association, and an advisory board member with the International Network for Social Studies on Vegetarianism and Veganism with the University of Vienna. In 2015, she was awarded Exemplary Diversity Scholar by the University of Michigan’s National Center for Institutional Diversity. She is the author of A Rational Approach to Animal Rights: Extensions in Abolitionist Theory.

A Hősimádat Veszélyei Egy Aktivista Mozgalmon Belül

Tartalmi figyelmeztetés: nemi erőszak és rasszizmus említése, rendkívül sértő (rasszizmus, akadályozottság) megjegyzések a palesztin emberekre és a muszlim kultúrára nézve

Gary Yourofsky

Translation by Eszter Kalóczkai. See more Hungarian translations of intersectional vegan essays by visiting their blog, Tudatos Vegán. The original English version of this essay can be found by clicking here.

írta: Michele Kaplan

Voltál-e már olyan helyzetben, amikor a körülötted lévő emberek azt gondolták: inkább meg se szólaltál volna?

Mindez március 19-én kezdődött, amikor néhány ismerős vegán Gary Yourofsky Palesztina-ellenes kirohanásáról beszélt. Természetesen azok az állatjogi aktivisták, akik a szívükön viselik a palesztin emberek sorsát (beleértve magamat is), teljes megrökönyödéssel olvasták, hogy mit mondott Yourofsky.

gary on palestine

(Az Igazi Gary Yourofsky által írt Facebook-poszt fordítása:) Amíg az izraeli emberek épp most rombolják le a hús-, tej-és tojásipart – ami végül az állatok koncentrációs táborainak a végét fogja jelenteni – a palesztinok és az elmebeteg emberjogi szimpatizánsaik épp, hogy több tábort ÉPÍTENEK. Míg az izraeliek befogadják a homoszexuálisokat, addig a palesztinok kiközösítik, bántják és gyilkolják a meleg embereket, mert úgy gondolják, hogy a homoszexualitás bűn. Míg az izraeliek (kivéve az ultra-ultra ortodoxokat, akik Izrael népességének az 1-2%-a, és ugyanannyira őrültek, mint a palesztinok) egyenlő mozgásteret biztosítanak a nőknek a társadalmon belül, addig a palesztinok továbbra is elnyomják a nőket ugyanúgy, ahogy az arab államok teszik. Míg az izraeliek szeretnek együtt élni a palesztinokkal és MINDEN más néppel, addig a palesztinok legfőbb célja, hogy minden zsidót elpusztítsanak, az iskoláikban a zsidók GYŰLÖLETÉRE tanítják a gyerekeiket, és NEM HAJLANDÓAK békességben élni a zsidó néppel. A palesztinok maguk a PROBLÉMA. Ők a legelmebetegebb nép ezen a bolygón. Még a velük szimpatizáló arab államok (Egyiptom, Jordánia stb.) is VISSZAKÜLDIK azokat az elmebeteg őrülteket, ha azok megbújnak az ő országaikban. Úgyhogy ne legyél már egy másik agyatlan, vérző szívű liberális, aki VAKON támogatja a palesztinokat, mert épp az a “menő”. Továbbra, habár szimpatizálok az emberi jogi kérdésekkel (melegek jogai, nők jogai, stb.), többé NEM fogok az embereknek az egyenlő bánásmódjáért harcolni, amig azok az elnyomott emberek elnyomják az állatokat. Amíg az állatokat belevesszük a vitába, addig azt mondom: A POKOLBA minden elnyomott kétlábú lénnyel, aki nem veszi észre, hogy milyen elnyomást támogat aktívan, amikor leül enni, vagy új cipőt vesz. Az állatoknak a legrosszabb. A világ teheneihez, csirkéihez, pulykáihoz, sertéseihez és birkáihoz képest a palesztinok KIRÁLYOKKÉNT ÉS KIRÁLYNŐKKÉNT élnek. Úgyhogy a LEGSÜRGETŐBB kérdésre koncentrálj inkább: az állatok felszabadítására. És felejtsd el azokat a palesztin őrülteket. És amúgy a palesztinok nem élnek koncentrációs táborokban, akárhogy is definiálod azokat. Menj és nézd meg, milyen egy vágóhíd, ahol ezeket az ártatlan lényeket lefejezik, egyiket a másik után, vagy egy tejipari telepet, ahol a teheneket megerőszakolják, hogy ismételten teherbe essenek, aztán a melleiket naponta többször gépekre kötik, nézd meg, ahogy egy vágóhídi teherautó 1000 csirkével behajt az épületbe, ahol megölik őket… és aztán kérdezd meg magadtól: “Hogy sikerült annyira átverniük, hogy azt higyjem, hogy a palesztin embereket elnyomják és koncentrációs táborokban élnek?” Kérlek ébredj fel és koncentrálj az EGYETLEN kritikus és fontos ügyre. [a jelek szerint ezt a Facebook-posztot eltávolították a Yourofsky oldaláról.]

Ki is ez a Gary Yourofsky? Hallottam már a nevét itt is, ott is, különböző állatjogi csoportokban, de nem tudtam, hogy mit tett hozzá a mozgalomhoz. Elkezdtem rékeresni a nevére, és rájöttem, hogy ez a kirohanása (amiből csak úgy dől a kirekesztés és a privilégium), nem egyszeri alkalom volt (bár még ettől se lett volna kevésbé elfogadhatatlan).

Gary Yourofsky egy vitatott, szevedélyes személyiség, aki egyfelől az erőteljes beszédeiről híres, amelyek hatására rengeteg ember lett vegán, másfelől viszont hírhedtek a lesújtó megjegyzései, amelyek elidegenítettek rengeteg embert az állatjogi mozgalomtól.

Ilyen megjegyzései például a hírhedt interjú (teljes egészében itt olvasható angolul):

Minden, szőrmébe bugyolált nőnek át kellene élnie egy olyan durva nemi erőszakot, ami egész életükre megnyomorítja őket. 

Mint vegén, mint nő, és mint ember, teljesen sokkolt, hogy ezt mondja, és egészen felkavaró érzés volt (és egy kicsit kevésbé érzem magam most biztonságban), amikor egyes emberek az állatjogi mozgalomban kifogásokat találnak neki.

“Jaj, ez annyira régi idézet” mondják, mintha ettől meg nem történtté lehetne tenni. Vagy mintha azóta bocsánatot kért volna, és megváltozott volna, mert nem tette.

Nagyon elszomorított mindez, mert annyi időt és szeretetet áldoztam az ügyre, és most megkérdőjeleztem, hogy van-e a mozgalomban jövőm. Tudtam, hogy van ez a régivonalas, (és nem annyira interszekcionális) ága az állatjogi aktivizmusnak, és van az újabb vonulata (ami jellemzően sokkal inkább figyelembe veszi az interszekcionalitást), úgyhogy nem gondoltam, hogy mindenki támogatja azt a levelet, de amikor sokan az újabb hullámból kifogásokat találnak neki, még akkor is, ha ez csak néhány ember volt, azt rendkívül elkeserítő.

A következő reggel, aktivisták egy kis csoportja (egészen pontosan 3 ember) megjelentetett egy közleményt, hogy tudassa az egész közösséggel (és az internettel), hogy a vegán mozgalomban semmi helye a mások kirekesztésének és elnyomásának.

Egy nemi erőszakot túlélő nő azt mondta, hogy nagyon pozitív élmény volt elolvasni ezt a levelet. Másvalaki azt mondta, hogy “senki nem támogatott, amikor ugyanezt mondtam Yourofsky-ról, annyira örülök, hogy vannak más vegánok, akik így éreznek!” (és többen egyetértettek ezzel). Így egy pillanatra úgy érezhettük, hogy bármi is következik ezután, már megérte.

És akkor… beindult az ellentámadás.

“Miért bántjátok Gary-t?”

“Miért vagytok ennyire gonoszak?”

“Gary olyn sokat tesz az állatokért, miért csak ezt emelitek ki?”

“Szerintem több jót tesz, mint rosszat.”

“Ezt most komolyan gondoljátok? Ez most valami korai április elsejei vicc? Csak fel akarjátok hívni magatokra a figyelmet, vagy szimplán hülyék vagytok?”

“Ne ítélkezzetek.”

“Hibázott, és akkor mi van. Mindannyian hibázunk.”

“Ezt most kiemeltétek a szövegkörnyezetből, pedig kontextussal együtt kéne nézni.”

“Inkább támogatni kellene, mint hátbadöfni!”

“Valójában nem is nézi el a valódi nemi erőszakot, olvassatok csak utána.” (Mintha Yourofsky ezt mondta volna? Nem ezt mondta. És mintha csak beszélni a nemi erőszakról teljesen ártatlan lenne, és nem lennének következményei? Nem így van.)

Rendkívül zavarbaejtő volt az egész, és rendkívül fárasztó. Mi a fene folyik itt?

És akkor rájöttem. Lehet, hogy hősimádattal állunk szemben? Én is álltam már így hozzá emberekhez régebben…

Emlékszem, amikor még nekem is voltak példaképeim, ha valami rosszat hallottam róluk, én is elkezdtem őket védeni, hiszen az én példaképemről  volt szó, aki egy szimbólum, aki reményt ad. A lelkem egy darabja el akarta hinni, hogy létezik egy ilyen hős, egy ilyen példakép.

Mostanság annyira nincsenek már példaképeim, mkert ahhoz, hogy valaki a példaképem legyen, ahhoz magam fölé kell helyeznem az illetőt. Tisztelem sokak munkásságát, elismerem őket, de valójában mind ugyanazon a szinten vagyunk. Ember és ember.

És amúgy értem én: a vegánságért és az állatjogokért küzdeni a mélyen gyökerező társadalmi szokások ellen küzdeni. Hiszen hiába a nagyipari állattartás a leginkább felelős a klímaváltozásért, és hiába annyira szörnyűek az állatok életkörülményei, akkor is a vegánság, az állatjogok puszta ötlete az “extrém”. És amikor megismered az állatipar mögött rejtőző igazságot, akkor nem tudod azt többé elfelejteni. És amikor tudod, hogy mennyit szenvednek az állatok, hogyha nem figyelsz oda eléggé magadra (az önmagunk gyógyítása, a lelki békénk megőrzése nem mindig kap elég teret a mozgalomban: “az állatok gyilkolása nem áll meg, úgyhogy mi sem pihenünk!”), akkor az megterhelő lehet.

De ettől még elfogadható a kirekesztés a mozgalmon belül? Nem. Továbbá ne felejtsük el, hogy hacsak nem egy vegán családba születtél volt eg idő a te életedben is, amikor nem voltál vegán. Úgyhogy rendben van-e, hogy erőszakra uszítunk más emberek ellen (amilyen te is voltál egyszer), csak azért, mert nem tudták kinevelni magukat a beléjük nevelt társadalmi normákból olyan gyorsan, ahogy te? 

A közlemény, amit írtunk, nem arról szólt, hogy csak azért támadjuk Gary-t, hogy valaki támadhassunk. Arról szólt, hogy azt mondtuk: “attól még, hogy valaki vegán, továbbra sincs semmi joga kirekesztő módon viselkedni másokkal szemben, és ha így tesz, annak lesznek következményei – függetlenül attól, hogy mennyire imádott személyiség”.

Rendkívül veszélyes, különösen egy aktivista mozgalmon belül, ha valakit annyira nagyra becsülnek, hogy érinthetetlenné válik, és a tettei, megszólalásai csak hibátlanok lehetnek.

 

Ez az esszé eredetileg megjelent Rebelwheels’ Gondolatok április 21, 2015.

 

Editor’s Note:

Interested in learning more about the problems with hero worship in the Nonhuman Animal rights movement? Check out the work of Marti Kheel, co-founder of Feminist for Animal Rights. Some of her writings on this topic are hosted on the FAR website. Vegan Feminist Network has also written on this topic in regard to the celebration of male violence as vengeance. You can also read more about the problems with anti-Muslim rhetoric on the Academic Abolitionist Vegan. A number of Yourofsky’s essays on violence and rape are also available on Negotiation is Over; please be warned, they are very crude and offensive.

Fisicoculturistas Veganos, Hombres Músculo, y el Físico Masculino: Por Qué Promover lo Masculino es Dañino para el Movimiento de la Liberación Animal

 

Muscled man's chest and arms, holding large floret of broccoli

Translation by Mariángel Villalobos. You can follow her on Twitter @mvillabe. The original English version of this essay can be found by clicking here.

PETA y otras campañas de liberación animal son comúnmente criticadas por explotar los cuerpos de las mujeres de una manera sexualmente provocativa en campañas para los animales no humanos. A través de estas campañas, las mujeres son motivadas a prostituir sus cuerpos desnudos en la calle, todo para llamar la atención a la situación de los animales no humanos. Mi amiga y colega Corey Wrenn llama la atención sobre los efectos dañinos de usar el sexo para vender el caso de los derechos de los animales, señalando que “la degradación de la mujer socialmente aceptada y su objetificación sexual está directamente conectada a la discriminación y violencia en contra de la mujer.”

Mientras que estoy de acuerdo de que tácticas como las de PETA dañan a la mujer y que estos trucos perpetúan la objetificación de la mujer, que de vuelta engendra violencia sexual, me gustaría señalar que hay otra manera en que las campañas de liberación animal comúnmente dañan a los animales y a las mujeres al mismo tiempo: al usar la masculinidad para promover el veganismo.

No es poco común ver organizaciones de liberación animal, como Vegan Outreach  ilustrar en sus panfletos cómo uno puede mantener su masculinidad en una dieta vagana. De hecho, en el panfleto de Vegan Outreach “Even if You Like Meat” (Aunque te Guste la Carne) ellos incluyen una foto de un fisicoculturista Robert Cheeke en una camiseta que lee “Vegan Bodybuilder” (Fisicoculturista Vegano), dando la aprobación para llamar la atención a sus hinchados músculos. Publicidad como esta perpetúa el siguiente mensaje: puedes ser vegano y también tener tu masculinidad.

Pausemos por un momento para considerar qué es la masculinidad y por qué es dañina.

La masculinidad se relaciona con las expectativas de la sociedad para los hombres; hay ciertos roles de género que son vistos como apropiados para que los hombres fomenten. Mientras que los roles

de género son comúnmente definidos como “un set de expectativas para comportarse, pensar y sentir, que son basados en el sexo biológico de una persona,” la masculinidad es un set de roles de género, comportamientos, y aspectos de personalidad esperados de “hombres reales”: fuertes, independientes, con metas, trabajadores, dominantes, heterosexuales, vigorosos, agresivos, no emocionales, físicos, competitivos, enérgicos (KIlmartin 1994, 7-17).

La idea de que la masculinidad es responsable por la violencia, incluyendo los asaltos sexuales, es raramente cuestionada. Como Kilmartin señala, la gran mayoría de actos violentos son cometidos por los hombres, llevándonos a concluir que hay una alta relación entre la masculinidad y la agresión (KIlmartin 1994, 211). De acuerdo al FBI (2011), aproximadamente 90% de los crímenes violentos en los Estados Unidos son cometidos por hombres.

Además de la relación entre la masculinidad y la violencia, la masculinidad es asumida como la responsable de la violencia sexual, ya que “los asaltos sexuales son casi exclusivamente perpetuados por los hombres” (KIlmartin 1994, 212). En su estudio transcultural sobre el abuso sexual, Sanday (1981) reporta que las sociedades con un alto índice de violaciones “toleran la violencia y fomentan a los hombres y niños a ser fuertes, agresivos y competitivos.” De la misma manera, Kilmartin (2005, 1) sugiere que “la socialización de los hombres para que sean agresivos y iniciadores sexuales, su desproporcionado poder social y organizativo, y su habilidad para intimidar basado en superior tamaño y masa muscular“ puede explicar el fenómeno de los asaltos sexuales llevado a cabo por hombres. La moral de historia, entonces, es que, “la masculinidad es uno de los más poderosos contextos en los cuales los asaltos sexuales ocurren” Kilmartin (2005, 1).

Cuando usamos individuos como Robert Cheeke, cuya imagen ilustra lo masculino, para promover el veganismo, perpetuamos la idea de que la masculinidad es un tipo de ideal que los “hombres reales” deberían esforzarse para alcanzar. Sin embargo, si la masculinidad es responsable de la violencia, especialmente la violencia en contra de los débiles o “femeninos”, entonces deberíamos pausar para considerar si hace sentido que usemos este tipo de tácticas de mercadeo para enviar un mensaje vegano.

Recordemos qué es lo que el mensaje de liberación animal conlleva: una de las metas del movimiento de la liberación animal incluye desafiar el modelo de dominio al repensar por qué nosotros damos privilegio y admiramos a los seres “dominantes” o “fuertes”. Sin embargo, cuando las organizaciones usan a los fisicoculturistas para vender el mensaje vegano, envían el mensaje opuesto, un mensaje peligroso: la masculinidad es preferida sobre lo femenino y hay una jerarquía donde lo masculino reina y domina sobre los demás.

Esta idea no solo pone en peligro a las mujeres, pero la idea de que hay una dicotomía entre lo masculino y lo femenino pone en desventaja a los animales, ya que los animales son identificados como parte de la “naturaleza” – y la naturaleza es de vuelta identificada con lo femenino.

Si queremos erradicar la explotación de los animales, debemos desafiar la idea de que “no importa por qué alguien es vegano, simplemente importa el que ellos son veganos.” Por que el que alguien sea vegano importa si nuestra metal final es completar la liberación animal. Si uno no comprende que los principios de fondo detrás del veganismo ético, como el rechazo al dominio de la jerarquía, entonces qué va a prevenir que él explote animales en situaciones que le permiten expresar su masculinidad, como en las corridas de toros, la caza de animales, etcétera? La masculinidad es un mensaje peligroso de mandar, y si podemos promover los beneficios para la salud del veganismo sin tener que recurrir a las imágenes de la masculinidad, por qué las organizaciones de liberación animal como Vegan Outreach se centrar en hacer esto mismo?

Por 1LT Cheryl Abbate